Gran Hotel

Marta Larralde: “Si no sales en la tele parece que no trabajas”


Marta Larralde es Belén y Belén es Marta Larralde. La actriz viguesa cumple su tercera temporada encarnando a una de las malas malísimas de Gran Hotel, un personaje que le ha brindado la posibilidad de jugar con diferentes registros y la ha hecho conocida para el gran público.

Tras una carrera que suma ya doce años delante de las cámaras, Larralde reconoce en una entrevista con El Imparcial que la gente la conoce sobre todo por el personaje televisivo. Con una obra de teatro en el horno y recién presentada en el Festival de Cine de Málaga su última incursión en la gran pantalla –Todas las mujeres, de Mariano Barroso-, la actriz dice disfrutar del “aquel” que tiene cada medio, aunque reconoce que muchas veces “si no sales en la tele parece que no trabajas”.

Esta semana ha estrenado en Málaga la cinta Todas las mujeres, de Mariano Barroso. ¿Qué nos espera en este nuevo trabajo?

La película parte de una mini serie de seis capítulos producida por Mariano y por TNT que se estrenó en ese canal en 2010. La trama giraba en torno a un personaje central, interpretado por Eduard Fernández, al que en cada uno de los seis capítulos se le veía con una mujer de su vida: su amante, su madre, su sicóloga, su compañera, su ex-novia y su cuñada, que soy yo. Se va descubriendo al personaje a través de su relación con cada una de estas mujeres. La serie estaba muy bien, el guión era estupendo, con diálogos constantes, y los personajes son muy chulos. El material era tan bueno que daba para hacer una película.

La tercera temporada de Gran Hotel se apuntó hace poco más de un mes su mayor audiencia. ¿Esta respuesta motiva?

La serie tiene un número de espectadores fieles que llega ya casi a tres millones. Hay un buen número de gente que está enganchada y que nos sigue haya fútbol o cualquier otra cosa y eso es muy importante.

¿Cómo convive, después de tanto tiempo, con el personaje de Belén?

Yo la amo. Me encanta mi personaje porque me ha dado mucho juego. Empecé siendo doncella, luego fui señora, prostituta y gobernanta. He pasado por un montón de registros y situaciones diferentes, con lo cual me parece un personaje súper rico que me da la oportunidad de trabajar diferentes cosas, diferentes posiciones corporales o estatus.

Lo de Belén es un juego al querer y no poder. Con esa maldad y esa perversidad que tiene, al final todo le sale mal. Una cosa es tener ansias de poder y de mejorar o tener ambición, que no es malo. El problema es cuando se convierte en avaricia, cuando uno hace daño a los demás y empieza a pisotear y a hacer lo que haga falta sin ningún tipo de moralidad. Aún así, Belén me encanta. Creo que en el fondo es una pobre víctima de sus circunstancias.

¿Cómo lleva ser, para los espectadores de Gran Hotel, la mala?

Me gusta que la gente me diga ’¡qué perversa es Belén!’ y que estén peleadísimos con el personaje. Me gusta ver que a la gente le molesta, que quiera que la maten o algo así. Eso es bueno. Al principio sí me daba un poco de cosa porque todos queremos ser buenos y que nos quieran, pero luego me he dado cuenta de que también es muy divertido que el público te odie. La gente está muy estresada y a veces necesita odiar, así que mejor que odien al personaje de Belén que no a su pareja, por ejemplo. Todos necesitamos olvidarnos de nuestros problemas y poner nuestras historias en otras personas y en otras vidas. Incluso habrá quien pueda cumplir a través de Belén algunas fantasías perversas de las que todos tenemos. Me gusta que los espectadores disfruten con las maldades de Belén y si el personaje ayuda a descargar, ¡perfecto!

Eso sí, la gente sabe distinguir muy bien entre el personaje y la actriz. Todo el mundo me dice cosas buenas, aunque supongo que si me quisieran decir algo malo no me lo dirían a la cara. Igual en Twitter, pero como no tengo, no me entero.

Siempre habla de Belén como una mujer muy instintiva, como un animal casi. ¿Se parece en esto a su personaje?

Sí, soy muy instintiva. Me suelo guiar por la intuición, aunque ahora estoy intentando poner más cabeza en mi vida y también trabajando. No todo se soluciona con emoción ni con temperamento, a veces hay que prestar más atención a lo que se quiere decir y a cómo se dice.

Después de tres temporadas, ¿ya se han acostumbrado al modo de hablar o comportarse en una serie de época?

Antes de empezar la serie nos enseñaron los movimientos de los camareros, de cómo servir y, en general, nos dieron nociones del servicio de la época. Por otra parte, el famoso corsé ya te pone en una situación corporal distinta a la de ahora. En cuanto a la manera de hablar, los guiones están muy bien escritos, pero ahora a veces proponemos cosas sobre cómo hablaría nuestro personaje porque ya los conocemos mejor que nadie.

Creo que su forma personal de trabajar implica meterse mucho en el personaje, un grado de concentración enorme y vivir las cosas con mucha intensidad. Sentir las cosas tan dentro, ¿termina afectando?

Yo disfruto así, metiéndome mucho en el personaje, pero en cuanto dicen ’corten’ se acabó y tan feliz. Igual hay cosas que te tocan más, pero se desconecta. Para mí es algo que sana, disfruto mucho.

Aunque lleva trabajando muchos años en teatro y en cine, Gran Hotel le ha hecho mucho más conocida para el público general. ¿Ha percibido cambios?

Sí que he notado que la gente me conoce más por la calle y me pregunta. Tampoco demasiado, porque mi look cambia bastante, pero sí que lo he notado un poco más. Luego pasan cosas increíbles como la de ayer, que me reconocieron por León y Olvido (2004). Pero sí es verdad que cuando uno hace tele, de repente aparece y si luego dejas de hacerla, la gente se pregunta qué harás que no estás trabajando, cuando en realidad no dejas de trabajar. Si no sales en la tele parece que no trabajas. Yo no he parado de hacer teatro, películas y sobre todo cortos, que me encantan. Se trata de eso, de seguir currando.

¿Ha notado esto que llaman ’el peso de la fama’?

De momento no. Yo sigo con mi vida normal y no he notado que nadie me agobie. Mi vida sigue igual, sigo haciendo lo mismo, como ir a mis clases. La única diferencia es que de repente me para alguien por la calle o me llaman para ir a eventos a los que antes no me invitaban.

En Gran Hotel comparte escena con grandes del cine y la televisión, como Concha Velasco. ¿Cuál de las personas con las que se ha cruzado en su vida profesional le ha marcado más?

Creo que la persona que más me ha marcado en mi vida profesional fue Guillem Gutiérrez, mi hermano en León y Olvido, un chico con Síndrome de Down del que aprendí muchísimo. Me marcó mucho, aprendí un montón de la generosidad en el trabajo, de cómo estar disponible para tu compañero. Él es un claro ejemplo de compañerismo, de amor y de estar al servicio del otro. Es puro corazón, sincero, honesto… es una de las personas que más me ha marcado.

Antes de sus primeros trabajos como actriz hizo labores de guión y dirección —por ejemplo, fue la auxiliar de dirección en la multipremiada Los lunes al sol-. ¿Cómo y por qué ocurrió el salto al otro lado de la cámara?

Fue un poco sin pensarlo, la vida me fue llevando. Empecé a trabajar de actriz directamente por lo más grande, que es protagonizar una peli. De repente me vi de protagonista sin yo nunca haber querido ser actriz. Lo hacía un poco por afición.

Manuel Fernandez-Valdes

Yo era atleta, pero con 17 ó 18 años tuve una lesión que me obligó a dejar de correr. En el instituto había elegido la asignatura de imagen, me gustó, me empecé a interesar, a ver pelis y a partir de ahí hice el módulo de Imagen y Sonido. Como actriz, sólo me había apuntado a un taller en el instituto porque lo impartía mi profesor de historia, que me gustaba mucho. Entonces vinieron a hacer una película a mi ciudad y mi padre me dijo que estaban buscando una actriz protagonista de mi edad. Fui al casting a que me conocieran, yo quería estar en ese rodaje, aunque fuera de meritorio o llevando cafés y sin cobrar. Era en Vigo y yo tenía que estar sí o sí. Tuve la buena suerte de que Gonzalo Tapia, el director, y Piluca Vaquero, la productora, confiaron en mí. Ahí cambió mi vida.

Antes de eso, actuar me gustaba y me divertía, pero nunca pensé que yo pudiera valer para hacerlo de forma profesional. En el otro lado me sentía más segura. Cuando estudiaba Imagen y Sonido veía que se me daba bien, que tenía ideas y me salían planos, pero de repente se me cambió el chip, decidí probar suerte y la vida me ha llevado poco a poco a donde estoy. Y ahora no me veo haciendo otra cosa, quiero ser actriz.

¿No se plantea, entonces, volver al otro lado?

Sí, me gustaría, pero no ahora. Querría, sobre todo, dirigir teatro o microteatro. Pero de momento sigo centrada en mi carrera de actriz, tengo mucho que aprender todavía. Me gustaría dirigir cuando ya supiera mucho de actuar. Creo que es importante para un director saber cómo funciona la otra parte. Me encantaría poder sacar lo mejor de un actor y tener el conocimiento y las armas para poder ayudarlo. Pero en realidad no sé qué será de mi vida. Lo bueno es que yo me dejo fluir, si no me sale lo de actriz y de aquí a tres años me veo de pronto sin trabajar, me dedicaré a otra cosa. La vida tiene que fluir, creo. A veces estamos demasiado obcecados con lo que queremos y es bueno también relajarse y dejarse llevar porque igual nuestro camino es otro.

Su camino, por el momento, la ha llevado por el cine, el teatro y la televisión. ¿Con qué se queda de cada uno de los medios?

Cada medio es diferente y tiene su propia manera de trabajar. La verdad es que me gusta trabajar en todo porque te proporciona diferentes satisfacciones a nivel actoral. En la tele nunca sabes cómo va evolucionar tu personaje, no como en una película, donde ya está cerrado. Sin embargo, a la hora de rodar el cine es otra cosa. Y en teatro hay otra evolución y otra manera de abordar al personaje, que frente al público va cambiando. El trabajo es trabajo y cada medio tiene su aquel. Me encanta también el trabajo de calle, el circo, el corto, el microteatro.

¿Qué personaje le gustaría interpretar hoy por hoy?

Últimamente me apetece hacer algo como muy físico, como una Lara Croft, algo de acción que me obligue a correr y a tirarme por lianas. Me encantaría tener que aprender movimientos de armas, kárate y esas cosas.

enrique baró ubach

La productora de Gran Hotel, Bambú, está apostando por un tipo de series muy cuidadas desde el punto de vista técnico y artístico, como Gran Hotel, quizá un poco más cercanas ya a lo que se hace en otros países pioneros. ¿Cree que está cambiando la forma de hacer y consumir ficción televisiva en España?

No veo mucho la tele, es el típico tópico pero es verdad. Veo Gran Hotel y a veces ni me da tiempo y la tengo que ver en Internet. Pero sí que es cierto que hay grandes productoras por ahí fuera que están haciendo productos increíbles, series en las que cada capítulo es casi una película. Ahora, por ejemplo, estoy viendo Homeland, que me encanta. Hoy en día, con la subida del IVA y los problemas económicos de la gente, que desgraciadamente no puede ir casi al cine o al teatro, el ocio se consume más en casa y está visto que también se pueden ofrecer buenos productos en televisión. En Gran Hotel tampoco tienen un presupuesto increíble, pero hacen virguerías porque el equipo de arte está hecho de genios que hacen mucho con muy poco.

¿Qué le espera a Belén en el Gran Hotel hasta junio?

Yo de esto prefiero no contar nada, pero va a haber sorpresas. Hay muchos giros, nada es lo que parece. Cuando parece que algo ya está, resulta que no está. Prefiero callarme porque al final meto la pata.

¿Qué futuro le augura a la serie?

Me encantaría que siguiera. No sabemos nada aún de una cuarta temporada, pero todavía quedan muchas historias por contar en ese hotel y los personajes aún podemos dar muchos giros. Creo que todavía queda.