Gran Hotel

El vestuario de Amaia Salamanca en ‘Gran hotel’ está inspirado en la pintura de Sorolla


Recrear una serie de época no es fácil. Y de eso sabe mucho Elena Sanchís, encargada del vestuario de ‘Gran hotel‘, serie que se desarrolla en la España de principios del siglo XX, época randes diferencias de clase. Sanchís explica, en exclusiva a Mujerhoy.com , todos los detalles del estilismo de la serie y de Amaia Salamanca, su protagonista.

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Con luces y sombras. Así podría definirse el vestuario de Gran hotel, serie que transcurre en la sociedad de principios del siglo XX y que, además de narrar una truculenta historia de crímenes, desapariciones, traiciones y manipulaciones, refleja la manera de vestir de la época, en la que la clase alta, a la que pertenece Amaia Salamanca (Alicia Alarcón), lucía linos, algodones, tafetanes, terciopelos, joyas y mucho colorido, mientras que el pueblo sobrevivía con tejidos toscos y oscuros y de baja calidad. Su estilista, Elena Sanchís, nos cuenta todos los detalles del estilismo de la serie y de su bella protagonista, que disfruta de manera especial luciendo los lujosos y delicados vestidos de Gran Hotel.

La serie tiene un vestuario muy lujoso y llamativo. ¿Cómo se consiguen los trajes de Gran hotel?

En parte los trajes de la serie se confeccionan y, por otro lado, se consiguen del estocaje de la sastrería Cornejo.

O sea, que el equipo de vestuario de Gran hotel es grande.

Sí, es más grande que el de Gran reserva, serie de la que también me encargo. Lo componen dos sastras, dos ayudantes, dos auxiliares y un montón de refuerzos cada vez que hay figuración.

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¿Cuánto tiempo se tarda en elaborar un traje de época y, en consecuencia, el vestuario de una serie en su totalidad?

Se tarda bastante, pero es que eso varía según el tejido, sobre todo, porque las telas que hemos utilizado en muchas ocasiones las hemos tenido que traer de fuera de España, de países como Inglaterra o Alemania.

¿Y qué telas son?

Intentamos utilizar tejidos naturales porque se fotografían mejor, y también depende del personaje. En el caso de Amaia Salamanca, linos, algodones, batistas… En el caso de Adriana Ozores, terciopelos y tafetanes.

¿Y en el caso del servicio del hotel?

Batista, sobre todo, y los uniformes de algodón.

¿En qué o en quién os habéis inspirado para crear los trajes de Amaia Salamanca? ¿Habéis seguido la moda de la época, el año 1900, o habéis introducido innovaciones?

En la serie estamos hiperdocumentados. En función de esa información se trabaja para elaborar el vestuario. En esa época había de todo. Hemos intentando inspirarnos, sobre todo, en la pintura de Joaquín Sorolla, que es fresca, etérea, mediterránea, luminosa, de colores claros.

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Es cierto. Todas la mujeres de clase alta de la serie llevan colores claros, pasteles…

Sí. Hemos intentando que toda la serie tenga esos tonos y que sea muy luminosa. Indudablemente, hemos hecho un filtro de lo que pasaba en la sociedad de principios de siglo para que todo sea más ligero. En esa época, la gente del pueblo era muchas veces cejijunta y de aspecto poco agradable. Si nosotros tenemos que poner a una mujer vendiendo flores en la serie, no buscamos a un top model, pero sí barnizamos el personaje que lo hace.

El vestuario de la serie habla por sí solo y refleja muy bien las diferencias de clases sociales de la época.

Claro. Es que en esa época había dos mundos muy distintos. Y la ropa trata de recogerlo a la perfección.

¿Amaia Salamanca colabora contigo en el vestuario?

Los actores colaboran en la medida en que tienen que estar cómodos con lo que llevan y tienen que darse al personaje, pero nada más, y en producciones de época mucho menos. Cuando tengo preparado los vestidos, Amaia viene a las pruebas y después se hacen delante de las cámaras y de la producción ejecutiva. En ese momento, junto a la labor de los departamentos de maquillaje y peluquería, se termina de concretar el personaje. Amaia, desde el primer momento que aterrizó en Cornejo, estaba encantada con el vestuario.

En este caso debéis tener una colaboración muy estrecha con maquillaje y peluquería, ¿no?

Sin duda, muy estrecha. La peluquería era muy importante en este trabajo. A principios del siglo XX nadie iba con el pelo suelto, por ejemplo. Tenemos una relación muy intensa porque los personajes los componemos conjuntamente.

¿Y eran fáciles de llevar esos vestidos para las mujeres de clase privilegiada?

No. Eran muy complicados.

enrique baró ubach enrique baró ubach Manuel Fernandez-Valdes enrique baró ubach

¿Cuántas capas tienen, por ejemplo, los vestidos que lleva Amaia en pantalla?

Tengo que decir que Amaia es una jabata y una todoterreno. Es hiperprofesional. Ella, y el resto de las actrices, llevan corsé, que es un horror, y muy apretado, algo que les ayuda mucho a crear al personaje de época porque con un corsé no te sientas y no te mueves igual que sin él. Luego lleva las medias, a veces, pololos, enagua, el cubre corsé, el corsé y, encima, el vestido que se pone con chaqueta y sin ella. Y a eso hay que añadir, además, guantes, sombrero y un montón de complementos más. En el caso de un vestuario de época, para que sea bueno, no debe de resaltar sobre la trama, sino integrarse en ella. No es un desfile de moda. Intentamos que todo tenga un look muy cinematográfico y que todos los elementos estén integrados.

¿Y cómo se maquillaban las mujeres en 1900?

Poco. Llevar mucho maquillaje estaba mal visto. Se ponían polvos de arroz. La gente de clase alta llevaba un maquillaje muy contenido, y la gente del pueblo no tenía para maquillarse porque las diferencias sociales eran muy grandes. Solo se maquillaban las mujeres de “mala vida”.

Los complementos en los trajes también parecen tener un gran protagonismo en Gran hotel.

Sí. En complementos hemos buscado mucho y hemos encontrado auténticas joyas. En la serie utilizamos poco y sencillo. En el caso de Amaia, hemos procurado que el personaje sea sencillo y que recoja la pureza y la inocencia de su papel. Suele llevar pendientes antiguos pequeños, aunque en las fiestas la adornamos un poco más. En cuanto a joyas en ella todo es pequeño y discreto.

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¿Y qué vestido de Amaia recuerdas de una manera especial?

Cada uno de los trajes de la serie es como un pequeño parto para mí, pero recuerdo de manera especial el primero que se puso de fiesta. Además, era la primera vez que rodábamos en el Palacio de la Magdalena, donde se graban los exteriores de Gran Hotel, y rodamos con ella y con ese vestido en el balcón. Fue muy especial. Coincidieron un cúmulo de cosas que hicieron ese momento muy bonito.

¿Ya habéis rodado toda la tercera temporada?

No. Creo que quedan unos seis capítulos.

Como es un serie que tiene muchos exteriores, ¿el vestuario cambia al rodar dentro o fuera de plató?

El vestuario es el mismo, ya que tiene continuidad, pero sí cambia cuando tenemos que protegerlos del frío o cuando se rueda en invierno porque, además, hay que ponerlos ropa térmica debajo de todo lo que llevan.